Una boda mediterránea en Mallorca | Son Collell

Nuestra primera boda en Mallorca llegó con alerta amarilla por lluvias.

Y quizá por eso nos gusta todavía más recordarla así: con el cielo cubierto, alguna gota justo antes de empezar la ceremonia, una carpa preparada para la comida y la sensación de que el tiempo podía cambiar los planes en cualquier momento.

Por suerte, todo quedó en un susto.

Y pudimos disfrutar de una boda preciosa en Finca Son Collell, en Montuïri, en el centro de Mallorca.

Una boda en el corazón de Mallorca

Son Collell es una de esas fincas que no necesitan demasiados elementos para crear un escenario especial. Situada en el centro de la isla, a unos 30 kilómetros de Palma, la finca conserva el carácter de una antigua possessió mallorquina y está rodeada de jardines, piedra y vegetación. Desde sus exteriores se pueden ver el pueblo de Montuïri y la Serra de Tramuntana. Finca Son Collell

Lo que más nos llamó la atención desde que llegamos fue precisamente eso: la cantidad de vida que hay en cada rincón.

Buganvillas cubriendo las fachadas, cipreses, cactus, hiedra y grandes monsteras que aparecen entre ventanas y muros de piedra. Una mezcla de arquitectura tradicional y vegetación mediterránea que hacía que cada rincón tuviera una fotografía diferente.

Y, aunque el día no nos regaló el típico cielo azul de Mallorca, creemos que ese cielo gris terminó formando parte de la historia.

Una ceremonia civil en Son Collell

La ceremonia se celebró en la propia finca y tuvo algo especialmente bonito: fue la alcaldesa del municipio quien ofició la boda.

Unos 160 invitados acompañaron a la pareja en un día que empezó con cierta incertidumbre por la lluvia, pero que poco a poco fue dando una tregua.

Nos gusta especialmente fotografiar este tipo de momentos desde una perspectiva documental. No intervenir demasiado, movernos alrededor de lo que está ocurriendo y dejar que sean las personas, los gestos y las relaciones las que construyan la historia.

Porque una ceremonia no son solamente los votos o el momento del beso.

También están las caras de los amigos, las lágrimas de una madre, las risas, los nervios y todas esas pequeñas reacciones que ocurren alrededor.

Una novia entre piedra, vegetación y Mallorca

El vestido de la novia tenía una estética sencilla y muy especial.

Una silueta limpia acompañada por una capa ligera que aportaba movimiento y textura, perfecta para moverse entre las paredes de piedra y la vegetación de Son Collell.

Y ese entorno acabó formando parte del propio look.

La novia apareciendo entre las monsteras, caminando junto a los muros antiguos de la finca, bajando las escaleras o atravesando los jardines.

Son fotografías que nos gustan precisamente porque no podrían pertenecer a cualquier boda.

Son de ella, de ese lugar y de ese día.

Para la fiesta llegó también un pequeño cambio de look: se quitó la capa y añadió un choker de M de Paulet, dando al vestido una apariencia completamente diferente sin necesidad de cambiar de pieza.

Un detalle pequeño, pero con muchísimo carácter.

Flores, color y pequeños detalles

La decoración floral estuvo muy ligada a la familia, ya que el padre del novio estuvo involucrado en las flores de la boda.

La decoración mezclaba tonos blancos, crema, verdes y pequeñas pinceladas de color en flores como las dalias, creando composiciones delicadas que convivían con los colores propios de la finca.

Nos encantó especialmente cómo se integraba todo con el entorno.

No había necesidad de transformar Son Collell. La propia finca ya tenía una estética muy marcada y la decoración simplemente acompañaba ese paisaje.

Las pequeñas flores colocadas junto a las tarjetas de los invitados, los recipientes de cristal, la piedra, las plantas y la madera creaban una estética muy mediterránea, pero al mismo tiempo muy personal.

Y entonces apareció la lluvia

El tiempo fue probablemente uno de los protagonistas inesperados del día.

Minutos antes de comenzar la ceremonia empezó a chispear y durante la comida volvió a aparecer la lluvia.

La finca preparó una carpa para proteger el banquete y, durante unas horas, todos estuvimos pendientes del cielo.

Pero finalmente la alerta amarilla quedó en una anécdota.

Y quizá el cielo cubierto fue incluso un regalo para nosotros.

La luz suave, los tonos verdes de la vegetación y la piedra húmeda crearon una atmósfera diferente a la imagen que solemos asociar con una boda de verano en Mallorca.

Más tranquila. Más profunda. Más nuestra.

Una ensaimada en lugar de tarta

Y si hay un detalle que no podía faltar en una boda en Mallorca, era este.

No hubo tarta.

Hubo una ensaimada gigante.

La pareja cortó una enorme ensaimada como parte de la celebración, poniendo el broche perfecto a una boda que tenía pequeños guiños a la isla en cada rincón.

Nos encantan este tipo de detalles porque son los que hacen que una boda deje de ser simplemente bonita y empiece a sentirse completamente vuestra.

Nuestra primera boda en Mallorca

Esta fue nuestra primera boda en Mallorca y, después de pasar el día en Son Collell, entendimos por qué teníamos tantas ganas de trabajar en las Baleares.

Nos gusta el Mediterráneo por muchas razones: por la luz, por los colores, por la arquitectura, por la vegetación y por esa manera de vivir las celebraciones al aire libre.

Pero también por algo más difícil de explicar.

Hay lugares que hacen que nuestra forma de fotografiar tenga sentido de una manera especialmente natural.

Mallorca fue uno de ellos.

Y nos encantaría que esta no fuera nuestra última boda en la isla.

Si estáis buscando fotógrafos de bodas en Mallorca, Menorca o cualquier otro destino de las Islas Baleares, nos encantará conocer vuestra historia.

En Lanaranja trabajamos desde una mirada documental, natural y editorial, buscando fotografías bonitas y cuidadas, pero sobre todo imágenes que conserven la sensación real de lo que ocurrió.

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